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Ahora que se acerca uno de los días más románticos del año aprovechamos la ocasión para hablar del amor. Todos conocemos el tópico según el cual los españoles y latinoamericanos y, por extensión, todos los especímenes de países sureños son más ardientes y apasionados. Dejando estas ideas generalizadas al margen, lo cierto es que en las zonas más calientes del planeta se suelen expresar los sentimientos con menos reticencias. De ahí que sea habitual escuchar un intercambio de „te quieros“ casi constante.

En la Península no se emplea tanto el exaltado „te amo“  ya que, por ser quizás demasiado apasionado y posesivo, queda  restringido al ámbito de las relaciones de amorosas.

Sin embargo, el „te quiero“ es el pan nuestro de cada día y no solo entre novios, casados o parejas de hecho, sino también entre amigos y amigas, padres e hijos, abuelos y nietos, hermanos y hermanas. Por supuesto, con ello no siempre se expresa un sentimiento de amor romántico o bobalicón, se transmite más bien un cariño profundo,  ese „no sé qué“ que te lleva a mantener los lazos de unión con aquellos que más te importan.

Está claro que a veces decirlo en voz alta resulta demasiado pegajoso y meloso, una bocanada de arcoíris ciertamente pesada que nos cae como un jarro de agua fría esperando respuesta, pero también es verdad que si no se verbaliza de vez en cuando, acaba por olvidarse. Como todos sabemos, normalmente los compromisos desagradables suelen suceder al comienzo de las relaciones de pareja cuando uno de los dos deja caer con miedo ese “te quiero” que exige reciprocidad, y el otro mira al vacío mientras piensa rápidamente una táctica de despiste.

Por otra parte, existe una extensa gradación en lo que al corazón concierne. Están los ya mencionados “te amo” y “te quiero”, pero podemos encontrar también inspiraciones como el mucho menos intenso “te aprecio”, el venerador “te adoro” o el simpático “te tengo mucho cariño”. Ninguno de ellos podría sustituir a los dos primeros en una relación de pareja, sino que se emplearían más bien en contextos amistosos o en el ámbito de los vínculos familiares.

Sin duda cualquiera de estas expresiones puede ser útil para aquellos que quieran vivir un San Valentín a la española.

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